Lo que casi nadie sabe
Por qué la palmera se ve bien hasta que ya no hay marcha atrás
El picudo rojo de la palmera (Rhynchophorus ferrugineus) es un escarabajo de dos a cinco centímetros, rojizo y con el pico curvado, que no daña nada por sí mismo. El daño lo hacen sus larvas: ápodas, blancas y con la cabeza oscura, excavan galerías hacia el interior del estípite y devoran el meristemo apical, el único punto de crecimiento que tiene la palmera.
Ahí está la trampa. Todo ocurre dentro, protegido por la corona de hojas. Una hembra pone entre 200 y 300 huevos en las heridas de poda y en las axilas de las palmas, y cuando la copa empieza a inclinarse la colonia lleva meses trabajando. Para entonces la penca central ya no responde.
Y aquí no hay segunda oportunidad biológica: una Phoenix canariensis no rebrota. Sin cogollo, la palmera está muerta aunque siga verde tres meses más. Por eso el control se juega en la detección temprana y en la prevención, no en el tratamiento de urgencia.
Trabajamos con criterios de Manejo Integrado de Plagas (MIP): la técnica la eligen el grado de afectación y el entorno, no al revés. Todo desde nuestro servicio de desinsectación en Tenerife.
Un matiz importante en Tenerife: además del valor ornamental, la palmera canaria es símbolo natural del archipiélago y su sustitución no es trivial ni barata. Y una corona adulta que se desprende pesa cientos de kilos, así que un ejemplar muerto en un paseo o en un jardín de hotel es también un problema de seguridad. La madera degradada por las galerías atrae después a los xilófagos que tratamos en termitas y carcoma.